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Discurso anual de Orbán Viktor sobre el Estado de la Nación

Buenas tardes. ¡Estimado Señor Presidente del Parlamento! ¡Estimados Damas y Caballeros!

Hace mucho tiempo que no nos hemos visto y se siente bien estar juntos por fin. El año pasado a estas alturas no pudimos celebrar nuestra reunión de siempre, debido a la pandemia por coronavirus. Es grande la tentación de entregarnos a la alegría del reencuentro, pero tenemos que hablar de cosas serias, ya que estamos a cincuenta días para las elecciones.

Al preparar un discurso sobre el estado del país, siempre tenemos que tener claro dos cosas: ¿quiénes somos nosotros?, y ¿de qué queremos hablar? Hasta el momento esto no ha causado problemas para nuestra comunidad. Y tampoco a mí personalmente, a fin de cuentas, después de dieciséis años en la oposición y dieciséis años en el Gobierno, con cinco hijos y cinco nietos, uno ya puede tener bien claro quién es realmente. Nosotros, que hemos reunido hoy aquí, somos diferentes personas, pero tenemos algo en común: somos húngaros, y nuestra pasión compartida es Hungría. Sin embargo, ahora inesperadamente hemos podido enterarnos del bloque de izquierdas que lo sabemos mal; nosotros realmente somos unos hongos. Hongos guardados en oscuridad y nutridos con estiércol. Hemos podido enterarnos de que aquellos que incluso somos del campo y de pueblo, no somos capaces de resolver ni un crucigrama, y según la izquierda a las 10 de la mañana ya estamos borrachos, además tenemos el cerebro lavado. Hemos podido enterarnos de que por ser partidarios del Fidesz, debemos ser pervertidos. La izquierda también nos ha hecho saber que hay judíos en el Fidesz, pero pocos. Hemos podido enterarnos de que gays en cambio hay en abundancia. La izquierda hizo el cálculo: demasiado pocos judíos y demasiados gays. Es un enigma cómo ha salido esto. Cavilaba sobre lo que ha dicho la izquierda y llegué a la conclusión de que lo del hongo puede ser cierto. Ya que uno habla tanto galimatías, si ha tomado hongos. Pero también puede ser que esto sea una estrategia, una nueva estrategia política. Ofender gravemente a la gente, burlarse de las personas con discapacidad, herir los sentimientos de la gente del campo, amenazar a los jubilados y despreciar a las mujeres. Desde tiempos inmemoriales nadie ha hablado así con los húngaros. Es difícil creer lo que se oye. Si esto es una estrategia, entonces es una patente mundial. De Gaulle tendrá razón: todo el mundo sabe hablar, un dirigente en cambio también sabe cuándo debe callarse. De todas formas, esto es embarazoso, no poco, sino mucho. Incluso para nosotros lo es, porque la izquierda, aun siendo como es, ciertamente forma parte de la nación, al igual que la desgracia es parte del Himno (alusión al texto del Himno húngaro – S.A. Offi). Pero para el otro lado es aún más embarazoso. Gyula Horn está revolcándose en su tumba, Medgyessy con ardor está haciendo la vista gorda, los del SZDSZ con desconcierto miran fijamente la punta de su zapato. Solo a Gyurcsány y a Bajnai no les molesta esto, a fin de cuentas, ellos trajeron este menudo espectáculo al país. Ellos lo colocaron sobre el escenario delante de sí mismos, para que no sea visible que realmente ellos se están preparando su retorno: los dirigentes del Gobierno más corrupto de Hungría, Gyurcsány y Bajnai, fortalecidos con un experto en hongos. Así que este sería el equipo que se ha presentado como candidato de gobernar en Hungría. Esta es la oferta de la izquierda para Hungría. Uno no sabe si reír o llorar.

Ahora ya solo queda una cuestión, queridos Amigos: ¿de qué voy a hablar hoy? El niño regresa a casa después de la misa. “¿Qué ha pasado?” le preguntan. “Lo de siempre. El cura ha hablado.” “¿y de que ha hablado?” “Del pecado.” Y “¿y qué ha dicho?” “Se ha opuesto a ello.” Me pasa lo mismo con lo que quiero decir hoy por la tarde: lo de siempre. Hungría debe ir hacia delante y no hacia atrás. Pero ¿qué es adelante? y ¿qué es atrás? Esto parece simple, lo que es adelante y lo que es atrás. Bueno, voy a hablar sobre esto hoy.

¡Estimados Damas y Caballeros!

Ustedes también lo vivieron, hemos dejado atrás dos años difíciles. Pandemia, oleadas de migración, crisis energética, arrebatos de ira imperiales de Bruselas, el aliento frío de la guerra fría sobre nuestra nuca, y la sombra inquietante de la guerra encima de Europa Oriental y Central. En esta situación tuvimos que organizar la prevención contra el coronavirus. En esta situación tuvimos que relanzar la economía, reemplazar los puestos de trabajo perdidos, dar apoyo y ayuda a los jóvenes, a las familias y a la gente mayor. Todo esto a la vez es mucho, aunque fueran buenas cosas, pero aún más, si son todas tareas. Gracias a los médicos, a los enfermeros, a los asistentes de ambulancia, a los organizadores de las campañas de vacunación, a los trabajadores del Mando Operativo, por su trabajo sobrehumano. Gracias al Señor Presidente de la República János Áder y a su esposa por su trabajo de ayudar a los niños que se han quedado huérfanos en la pandemia. ¡Gracias, gracias también por esto, Señor Presidente!

¡Amigos!

Una pandemia que golpea de la nada es a la vez una prueba, una especie de prueba de resistencia. Nos pone a todos bajo presión. Somete a prueba de presión las políticas y las economías de los países. También ustedes han podido ver que el Estado húngaro ha sido capaz de defenderse. El parlamento se reunía sin interrupción, concedió al Gobierno el margen y las herramientas necesarios para una realizar una defensa exitosa, al mismo tiempo mantuvo la situación bajo control. Las autoridades epidemiológicas, los hospitales, la sanidad, muchas veces menospreciados y pisoteados indignamente, dieron un rendimiento extraordinario, el sector público, los policías y militares trabajaron de manera concertada, rápida y disciplinada. El Gobierno se mantuvo unido y sosegado, la capacidad de actuar del país no estaba en peligro ni por un instante, es decir, el nuevo orden constitucional introducido en 2011 aprobó el examen. En Europa cayeron Gobiernos uno tras otro, desaparecieron coaliciones, el frecuente cambio de las normas se hizo imposible de seguir, y miles de manifestantes fueron controlados mediante la intervención de las fuerzas de seguridad. La confianza de la gente se disipaba de manera lenta, pero segura. En Hungría no pasó nada parecido. En nuestro país hemos logrado salvaguardar la confianza, incluso reforzarla, porque la mayoría opina que Hungría se ha defendido bien. Dado que es parte de la realidad, hay que hablar también de que no solo el virus atacó Hungría, sino también la izquierda, con la esperanza de poder derrocar al Gobierno. Cuando hacía falta cerrar, demandaban apertura, cuando hacía falta abrir, entonces reclamaban el cierre, vociferaban dictadura, organizaron acciones difamatorias en el extranjero, grabaron falsos vídeos, difundían rumores y noticias falsas.

¡Amigos!

Esta es una grave irresponsabilidad, o algo incluso más grave. No seamos reticentes a decir palabras fuertes. En tiempos de pandemia, usar el miedo de millones de familias para derrocar gobiernos, es un acto indefendible ante cualquier tribunal. Tocará el tiempo de ambos juicios: uno el 3 de abril, el otro según el mandato de Dios.

¡Estimados Damas y Caballeros!

Desde 2010 no solamente hemos reorganizado el Estado, sino hemos construido una nueva economía húngara. Ahora también la economía ha sido puesta a prueba. En 2010 decidimos dar trabajo a la gente, en vez de las subvenciones. El que quiera trabajar, tiene trabajo. A pesar de la pandemia, nunca ha trabajado tanta gente en Hungría que hoy, contado ,desde el cambio de régimen. Ahora trabajan más de un millón de trabajadores más que en la época del Gobierno Gyurcsány. Además, su trabajo es de la calidad que requieren los mercados internacionales. Nosotros debemos producir mercancías y servicios competitivos y comerciables. Esto es de vital importancia, porque hemos construido una economía basada en las exportaciones, es decir, basada en la venta en el extranjero de todos estos productos y servicios. El año pasado logramos batir de nuevo un récord brutal. La cuantía de las exportaciones de Hungría alcanzó los 119 mil millones de euros. Imagínenlo así: ocupamos el lugar 95 en términos de población, pero nuestro rendimiento de exportaciones es el trigésimo cuarto más grande. Respecto a las exportaciones per cápita ya estamos ocupando el vigésimo séptimo lugar. Saboreémoslo.

En 2010 decidimos tomar los sectores clave en manos húngaras. Por consiguiente, disminuimos la propiedad extranjera por debajo del 50 por ciento en la banca, en los medios de comunicación y también en el sector energético. Quiero recordar a todos: hemos partido del 60 por ciento respecto a la banca, del 66 por ciento en los medios de comunicación, y del 71 por ciento en el sector energético, pero hasta hoy en todos estos terrenos ha alcanzado una mayoría la propiedad húngara. En el tiempo de la pandemia del coronavirus hemos podido mantener lo que hemos tomado en propiedad húngara, y eso no es poca cosa, incluso, seguimos recuperando las empresas clave, esta vez tocó readquirir el proveedor de gas y electricidad de la región Tiszántúl. La regiones de los Kuruc ya son libres, ahora vendrá Panonia. Con o sin crisis, hemos continuado, incluso hemos intensificado las inversiones extranjeras del capital húngaro. Recordarán que habíamos decidido ya previamente que el mismo volumen de ganancias deben traer a casa las empresas húngaras explotadas en el extranjero como es el volumen de ganancias que sacan de Hungría las empresas extranjeras explotadas aquí. Así y solo así es posible mantener en equilibrio la economía de Hungría. Aún no hemos llegado allí, pero no hemos dado marcha atrás tampoco durante la pandemia, hemos ido adelante y no atrás. El Grupo MOL se está expandiendo, adquirió también 417 gasolineras en Polonia. El banco OTP está presente en los Balcanes. Será una empresa húngara que podrá construir el sistema de cobro de peajes en Indonesia con una población de 270 millones de personas. La compañía de electricidad MVM suministra energía para 1 millón 600 mil consumidores en Chequia. Pero ya hay granja avícola húngara en Vietnam, fábrica de piensos y de asfalto cauchutado en Rusia, y empresa de telecomunicaciones en propiedad húngara en Albania y Montenegro. ¡Adelante Hungría!

No es poca cosa, pero yo considero que el mayor rendimiento de la economía húngara en tiempos de crisis ha sido que no hacía falta poner el freno de mano dentro de las familias durante la pandemia. Incluso se ha introducido la exención fiscal para los jóvenes menores de 25 años, las familias pueden percibir desgravaciones fiscales y también ha llegado la decimotercera pensión mensual en los últimos días. La decimotercera pensión mensual no solamente es un logro económico, sino es también una verdadera reparación. Devolvemos lo que quitó el Gobierno Gyurcsány-Bajnai. El niño turco lo ha cortado, el niño húngaro lo cura (cita de una canción folclórica – S.A. OFFI). El país lleva 12 años trabajando en reparar el pecado histórico cometido por la izquierda. ¡Que lo apreciemos! Y los húngaros de más allá de nuestras fronteras también han podido experimentar que no solamente en tiempos soleados, sino también en medio de los problemas pertenecen a nosotros. Hemos continuado también con sus programas, en el marco de los cuales ya hemos construido 170 nuevas guarderías infantiles y hemos renovado 790 de ellas más allá de nuestras fronteras. ¡Adelante húngaros!

Y como siempre desde 2010, también durante la crisis hemos seguido nuestro propio camino, para relanzar la economía no hemos aplicado las recetas de Bruselas, sino el remedio elaborado por Matolcsy-Varga, no hemos pisado el freno, no hemos armado una posición defensiva, sino hemos adelantado de manera valiente también en la curva. Hemos asumido riesgos. El grado de riesgo no ha sido insignificante, pero saben ustedes, la verdad es que nunca lo es. En la política económica quienes van a lo seguro, antes o después, pero siempre terminan rezagados. Es como montar la bicicleta. Si no le das a los pedales, se desploma. Pues, esto no se ha desplomado. En 2021 ya logramos un crecimiento del 7 por ciento, y hemos recuperado de sobra el descenso provocado por la pandemia. En un discurso sobre el estado de la Nación, Damas y Caballeros, debemos hablar también en el lenguaje de los números, lo más árido que sea esto. Hemos logrado mantener la deuda pública por debajo del 80 por ciento, y vamos a reducirla al 77 por ciento hasta finales del año. Mientras tanto la deuda soberana de Francia alcanzó el 115 por ciento, la de España el 120 por ciento, y la de Italia el 154 por ciento. Y también sucedió lo que pocos hubieran imaginado, yo por ejemplo seguramente que no, la deuda soberana de Austria llegó a ser superior a la de Hungría. A pesar de la pandemia, el salario mínimo aumentará un 20 por ciento en 2022, además hemos reducido en un 4 por ciento la fiscalidad sobre el trabajo. Hemos completado el gran acuerdo nacional, que incluye a los sindicatos, a los empleadores, al Gobierno y también al Parlamento que ratificó el acuerdo. Desde luego, no incluye a la izquierda, que no votó nada de esto. Les pido que el día de las elecciones recuerden que la izquierda no votó la ley del coronavirus que constituyó la base de la defensa. No votó la moratoria de préstamos. No votó el aumento del salario mínimo. No votó la desgravación fiscal para las familias. No votó la exención fiscal para los menores de 25 años. Y tampoco votó las reducciones de impuestos. Espero que en las elecciones los electores no los voten tampoco. También les pido recordar que el Gobierno Gyurcsány-Bajnai siguió un camino totalmente diferente al nuestro. Ellos dieron pasos hacia atrás. Quitaron la decimotercera pensión mensual, quitaron el salario de un mes, quitaron la baja por maternidad correspondiente a un año, anularon el programa de acceso a vivienda y también la deducción fiscal de las familias, convirtieron la sanidad en un servicio de pago, duplicaron el precio de la energía eléctrica, y triplicaron el precio del gas natural para clientes domésticos. Pero les llegará su San Martín, ahora, el 3 de abril, ustedes pueden rendirles cuentas. En suma, con la necesaria modestia, al mismo tiempo con confianza en nosotros mismos, podemos afirmar que no hemos renunciado a nuestros objetivos tampoco en tiempos de pandemia, de allí que Hungría emerge de la actual crisis más fuerte que era al entrar en ella.

¡Estimados Damas y Caballeros!

De cara al futuro, enfrentamos graves cuestiones. ¿Va a haber guerra? ¿Habrá dinero? ¿Va a haber una nueva pandemia? ¿Va a haber una nueva oleada migratoria?

¿Va a haber guerra? Ahora todo el mundo habla de esto. La situación es frágil y severa. También ustedes conocen el mapa, Hungría está rodeada por regiones inestables: los Balcanes Occidentales y Ucrania. En los Balcanes están presentes los grandes poderes: los Estados Unidos, la Unión Europea, Rusia y los turcos. Y todo esto junto a nuestras fronteras. No nos olvidemos de que Bosnia se encuentra a 70 kilómetros de las fronteras meridionales de Hungría, y hasta hoy estacionan 665 soldados húngaros en los Balcanes. La receta de calmar y reconciliar los Balcanes es simple: adhesión rápida a la UE, compromiso con Serbia, y un Plan Marshall de la Unión Europea. Es una pena que no esté ocurriendo esto. Hungría se ha fortalecido. Por eso les digo que no nos quedaremos de brazos cruzados mirando que unas políticas equivocadas de superpotencias produjeran perjuicios en nuestra vecindad. Ni Berlín, ni Bruselas puede llevar una política de Balcanes en contra los húngaros, pero ni siquiera sin nosotros. No aceptaremos aquellas decisiones de Bruselas que sean contrarias a los intereses de Hungría. Y como el interés de Hungría es la paz, el desarrollo económico y la inclusión de esta región en el marco de la Unión Europea, están fuera de discusión las sanciones, una política penal, reprimendas o cualquier otro tipo de arrogancia por parte de las grandes potencias. No debemos hablar de los Balcanes, sino con los Balcanes y debemos actuar junto con ellos. Los Balcanes, como siempre, siguen siendo infinitamente complicados, aun así, la resolución pacífica, aceptable para todos, es sin duda factible. Sin embargo, es aún más urgente el conflicto entre Rusia y Ucrania. Los intereses de Hungría son igualmente claros aquí. Antes que nada, hay que evitar la guerra. Lo dicta no solamente el sentimiento de humanidad, sino también los intereses húngaros. Piénsenlo: en caso de una guerra llegarían cientos de miles, hasta a una escala de millones de refugiados desde Ucrania y esto redibujaría fundamentalmente la situación política y económica de Hungría. Recuerden que en los años noventa llegaron decenas de miles desde territorios ex yugoslavos y aquello tampoco era fácil. Desde Ucrania vendrían muchos más, y presumiblemente sin ninguna esperanza de retorno. Nosotros trabajamos por la paz, pero desde luego, las entidades nacionales designadas ya han empezado su preparación. En caso de un desenlace bélico disponemos de los escenarios y planes de acciones adecuados.

¡Damas y Caballeros!

Debido al tamaño de Hungría y a su fuerza militar y económica, no somos capaces de ejercer una influencia definitiva o al menos indispensable en las relaciones entre la Unión Europea, el Occidente y Rusia. No obstante, esto no es motivo de quedarse inactivos. Nuestras cartas están sobre la mesa, y nunca hemos escondido que consideramos equivocada la estrategia de Bruselas, además vemos que las sanciones contra Rusia son un callejón sin salida. Estoy convencido de que, sin la cooperación económica con Rusia, Europa seguirá siendo anémica y pálida. Negarse a la cooperación y completamente ceder las enormes oportunidades económicas a los chinos, es un error estratégico. Sin embargo, durante los últimos años también yo terminé por darme cuenta de que no podemos cambiar las líneas de política exterior de la Unión Europea, de allí que en vez de unos debates inútiles, más bien optamos por elaborar y explotar el modelo húngaro. Somos miembros de la OTAN y de la Unión Europea, al mismo tiempo mantenemos unas relaciones políticas y económicas equilibradas con Rusia. El ejemplo húngaro demuestra que esto es posible.

¡Damas y Caballeros!

La guerra, sea fría o caliente, la tensión y los conflictos entre Oriente y Occidente, hasta ahora solo trajeron problemas, sufrimiento y graves pérdidas para Europa Oriental y Hungría. Es comprensible si no queremos volver a entrar en este río. Por eso me he comprometido a emprender una misión de paz en Moscú. Hay que romper el hielo de las relaciones congeladas y hay que abrir camino a las negociaciones. Es verdad que Hungría no tiene buques nucleares rompehielos, pero pico sí que tenemos, y en ocasiones basta producir una grieta para que el sentido común pueda salir a la superficie. Es en beneficio de todos que hoy los dirigentes europeos ya tengan citas uno después del otro en Moscú. Nosotros, los húngaros, desde luego hemos aprendido que la seguridad no es una cuestión de amistades, sino de fuerza. De ello se desprenden dos cosas. Primero, siempre debe haber un territorio debidamente amplio y profundo entre Hungría y Rusia. Esto hoy corresponde a Ucrania, por este motivo (¡!) su independencia y vitalidad es un interés directo de Hungría. Segundo: la fuerza militar de Europa al menos debe ser comparable con la de Rusia, y hasta cuando esto no se cumpla, la seguridad de los pueblos europeos no dependerá de la decisión de nosotros, los europeos, sino de los Estados Unidos y Rusia. Por eso Hungría apoya establecer capacidades militares europeas y Fuerzas Armadas en común. En esta línea hemos empezado a crear modernas fuerzas militares y la industria militar correspondiente en Hungría. Lamentablemente todavía no hemos logrado un gran avance. La industria militar todavía tiene que quedar interconectada con la economía, hay que establecer interrelaciones con las universidades, los centros de investigación y los parques de innovación, y desde luego, hacen falta jóvenes dispuestos a servir y si es necesario, a defender la patria. La prima cobrada recientemente por el personal de las fuerzas armadas expresa bien nuestra apreciación y es un reconocimiento importante por parte de la sociedad, pero en sí no es suficiente. Nos queda mucho por hacer. Necesitamos propias fuerzas, necesitamos un propio ejército nacional. Nadie, ninguno de nuestros aliados va a arriesgarse el pellejo por Hungría, en vez de los húngaros. Siendo miembros de la OTAN o no, no existe ningún aliado por todo el mundo que defendería, en lugar de nosotros, a nuestra patria. Junto a nosotros, con nosotros, quizás sí, pero reemplazándonos, seguro que no. Si no somos suficientemente fuertes, entonces Hungría no podrá estar en seguridad. Clint Eastwood nos enseñó: si hay un arma cerca, quiero tenerla en la mano.

¡Estimados Damas y Caballeros!

¿Habrá dinero? La Dama de Hierro dijo que el problema con los socialistas es que siempre se les acaba el dinero de otros. Y de hecho: primero imponen impuestos altos y así les quitan el dinero a aquellos que han trabajado para ganarlo, lo gastan rápidamente, así que tienen que obtener préstamos, que quieren devolver con el dinero que les quitan a la gente imponiendo unos impuestos aún más altos. Al final, tanto los impuestos, como las deudas son astronómicas, mientras que esta enorme carga hace que la economía se venga abajo. Desempleo, restricciones, deudas acumuladas, FMI, falta de dinero. Si gobierna la izquierda, no hay dinero. Siempre la misma canción. Hoy, sin embargo, están en marcha desarrollos por un valor de muchos miles de billones, el número de pobres y la magnitud de la pobreza está disminuyéndose, al mismo tiempo la clase media es cada vez más fuerte. El salario mínimo es más alto ahora que fue el sueldo promedio durante el Gobierno de Gyurcsány-Bajnai, por lo tanto, hay dinero, y si podemos seguir gobernando nosotros, también lo habrá. Por ejemplo, gastaremos tres veces más en el desarrollo rural que hasta ahora. En la economía basada en el trabajo, el dinero es resultado del trabajo. Los impuestos son bajos, los salarios van incrementándose, la gente compra, invierte, vale la pena trabajar. Ya podríamos pedir a los gitanos que toquen la música de celebración, si la inflación no hubiera abollado el costado de las economías europeas, o sea, el aumento de precios, que – como bien es sabido – se lleva el dinero. En los Estados Unidos la inflación ha subido a un máximo de cuarenta años alcanzando el 7,5 por ciento, y existen países de la Unión Europea donde la inflación ya está por encima del 10 por ciento. Lo mismo pasaría en nuestro país, si no protegiéramos constantemente a las familias. La situación extraordinaria ha requerido unas decisiones extraordinarias, por eso no nos hemos quedado parados viendo el estallido de precios, sino hemos introducido la política de las cuatro congelaciones: la congelación de precios de los gastos generales de las viviendas, congelación de precio de combustibles, congelación de intereses y congelación de precios de alimentos. Hace treinta años no ha sucedido algo semejante en Hungría. La situación actual es que el precio de la electricidad es el más bajo en Hungría dentro de la Unión Europea, y el precio del gas natural es el tercer más barato aquí. Funciona la reducción de gastos generales de viviendas, justamente ahora lo está introduciendo también Francia y España. El precio del combustible es el quinto más barato aquí. Hoy pagamos 480 HUF por el litro, y sin la congelación de precios, costaría mucho más de 500 HUF. La congelación de precios ha dado resultados, por eso lo hemos prolongado por tres meses más. La congelación de intereses protege a las familias que tienen hipotecas, y la congelación de precios de alimentos ayuda a todos, pero sobre todo a la gente con poco dinero.

¡Estimados Damas y Caballeros!

La inflación queda disminuida en 1,5 por ciento por la reducción de los gastos generales de las viviendas, en 0,5 por ciento por la congelación de precios de combustibles, y en 0,9 por ciento por la congelación de precios de alimentos. Según el último informe publicado por la Unión Europea, este año la inflación en Hungría será de 5,4 por ciento y el año que viene será de 3,6 por ciento, y la magnitud del aumento de los salarios excede y excederá con mucho estas cifras. Por lo tanto, dinero habrá, porque Hungría seguirá trabajando en el futuro. Vamos a perseverar las ayudas a las familias, incluso, las vamos a ampliar. No dejaremos de aspirar a que el hecho de tener hijos debe crear una situación económica más favorable, en vez de generar dificultades financieras. Habrá niños, habrá dinero y protegeremos a las familias. ¡Esta es la dirección que apunta hacia delante!

¡Damas y Caballeros!

Pero en el tema de la inflación aquí todavía hay una traba, un rompemuelles. Se llama: Bruselas. Los mercados de gas natural y de electricidad han sido liberalizados, no obstante, no fueron elaboradas e introducidas las normas encaminadas a moderar las oscilaciones frenéticas. De esa manera dejaron a Europa desprotegida ante los especuladores financieros. Es un error grave, porque los precios energéticos representan el 50 por ciento de la inflación. Hemos luchado una enorme batalla para lograr que Bruselas finalmente califique sostenible la energía nuclear y el gas natural. Por fin lo hemos conseguido, pero hemos perdido mucho tiempo y la formación de los precios ya se les ha ido de las manos de los burócratas de Bruselas. Los pasos que han tomado son insuficientes y retrasados, no sirven para resolver la crisis ya desarrollada. Por consiguiente, según nuestros conocimientos actuales, los precios elevados de la energía quedarán con nosotros todavía por años. Por suerte, o mejor dicho, gracias al coraje y persistencia de Péter Szijjártó, nosotros hemos celebrado contratos de suministro de gas natural con los rusos a tiempo y con buenas condiciones. Pero en Bruselas, Amigos, el problema no se disminuye, sino aumenta. En vez de un chaleco salvavidas, ahora podremos recibir una muela sobre el cuello, porque están preparando la introducción de un impuesto penal sobre los propietarios de viviendas y de vehículos en toda Europa. Es absurdo que los Estados miembro tengan que luchar no solamente con los precios, sino también con Bruselas, por separado. Es tiempo de que alguien lo diga: el plan de Bruselas de protegerse contra el deterioro del clima mediante el aumento de los precios energéticos ha fallado. Ha fracasado porque arruina los negocios europeos y a la vez a las familias europeas. Es un callejón sin salida. ¡Es necesario elaborar un nuevo plan!

¡Estimados Damas y Caballeros!

Vamos a ver si va a haber nuevas epidemias. El mundo hoy tiene que convivir con el hecho de que junto con la era de las migraciones, también surgió la era de las pandemias. La pandemia se extendió a nivel mundial, cobró vidas, atacó a los puestos de trabajo, y paralizó la economía mundial. Y tampoco nos ha tratado con moderación, pero por lo menos, nosotros nos hemos despertado entre los primeros. En nuestro país se formó el primer Mando Operativo en Europa. Fuimos los primeros en adquirir respiradores y en preparar los hospitales para recibir enfermos epidémicos. Entre los primeros adquirimos las vacunas necesarias y entre los primeros vacunamos a más de la mitad de la gente y relanzamos el país entre los primeros. Parece que para hoy ya hemos superado la parte más difícil. Sobre la marcha hemos realizado unas reformas profundas en el mundo de los hospitales. Hemos realizado el ajuste salarial de los médicos, hemos eliminado los pagos ilegales, hemos separado la atención sanitaria privada de la pública, además, todo esto en base al acuerdo celebrado con el Colegio de los Médicos, en paz, en concordia, en medio de una pandemia. ¡Gracias por todo esto! Ya a principios de la pandemia empezamos a desarrollar la industria nacional sanitaria. Hoy ya fabricamos nosotros lo que necesitamos o lo que puede faltar ante un nuevo brote: mascarillas, respiradores, aparatos y equipos terapéuticos. Lo que tiene mayor envergadura es desde luego la fábrica de vacunas que se construye en Debrecen por 55 mil millones de HUF, y que a finales de este año ya podrá empezar a funcionar.

¡Amigos!

Nadie puede garantizar, que en la época de la economía global con muchos millones de interconexiones, no pueda haber nuevos brotes. Lo que sí que podemos garantizar es que la sanidad y la industria farmacéutica húngaras recibirán totalmente armadas, en su caso, las nuevas epidemias.

¡Estimados Damas y Caballeros!

Y finalmente, ¿va a haber nuevas oleadas migratorias ante nuestras fronteras? No solamente las habrá, sino también las hay. A diario varios cientos de migrantes intentan entrar por la fuerza al territorio de Hungría. El año pasado lo hicieron 122 mil, y este año, solo en enero ya más de 12 mil. Durante un cierto tiempo podíamos esperar, y yo mismo lo esperaba, que al lograr rápidamente el cierre de nuestras fronteras, también los migrantes se darían cuenta de que no valía la pena intentar a pasar por nuestras fronteras. No se han dado cuenta. El motivo de esto puede ser que – aunque lo queramos o no, aunque seamos o no conscientes de ello – Hungría en definitiva sigue siendo el último bastión fronterizo de los territorios interiores europeos, sobre todo de Alemania y los migrantes se dirigen justamente hacia allí. La vida en los bastiones fronterizos nunca ha sido fácil. Hasta ahora hemos gastado más de 600 mil millones de forintos en la defensa de las fronteras. ¡600 mil millones de forintos! En tiempos anteriores a la crisis migratoria, este dinero pudo ser inyectado en la economía, o bien, pudo ser entregado a las familias. Hoy lo tenemos que gastar en la defensa. Hunyadi paró las tropas del sultán ante Bratislava, y nosotros hemos parado las tropas de George Soros ante las fronteras meridionales. Sin embargo, justamente el ejemplo de la victoria de Belgrado nos enseñó que una victoria en sí no soluciona nada y es fácil de llegar desde Belgrado a Mohács (alusión a la batalla de Mohács – S.A. OFFI) La defensa de las fronteras requiere una constante alerta, persistencia y tenacidad. Es un trabajo difícil, pero muy difícil. Y encima de todo, también hay que mirar hacia atrás, porque no podemos estar tranquilos al pensar en Bruselas. Allí se reúnen los agentes de George Soros, los Judas que por treinta monedas de plata son capaces de todo, las tropas de Sísara compuestas de intelectuales, expertos y asesores que consideran al Estado-nación, si bien no como un enemigo, pero por lo menos como un vestigio que debe ser superado, y desde luego, los lobos del capital global que husmean dinero en todo, así también en la migración. Todos ellos están trabajando en que la invasión, la ocupación de Europa sea aceptada por nosotros como un estado natural, una necesidad histórica imparable. Hay lugares donde ya lo han logrado. La frontera de Italia es tan agujereada como un colador. Los franceses apenas mantienen la cabeza fuera de agua. Los alemanes con elegante sencillez se han declarado país de inmigración. Hemos desistido en Afganistán, en África hay un enorme exceso de población, cuyas olas pueden pasar en cualquier momento por el Mediterráneo. La Europa cristiana está metida en graves problemas debido a sus propias debilidades internas y a la fuerza de los golpes externos. Parece que – y yo mismo lo veo así –la cristiandad latina en Europa ya apenas puede pararse en sus propios pies. Sin la alianza celebrada con la ortodoxia, con los cristianos del Oriente, difícilmente vamos a sobrevivir las próximas décadas. Ceterum censeo, Europa necesita los pueblos de los Balcanes.

¡Amigos!

Les pido que lo entiendan bien, las líneas de defensa se mantienen en la frontera solo hasta cuando nosotros estemos en el Gobierno. Los de Gyurcsány lo han dejado muy claro: “Los migrantes no le hacen daño a nadie, incluso, en una o dos generaciones se convertirían en húngaros, por eso lo que importa es que cuando lleguen aquí, que se encuentren a gusto.” Si dejamos que los burócratas de Bruselas, partidarios de la inmigración, ayuden a los actores a la vez ridículos y peligrosos del espectáculo Gyurcsány en llegar a gobernar, entonces abrirán las fronteras. Y si una vez los dejan entrar, entonces no habrá remedio de invertir esto. Tendremos aquí una sociedad abierta que hará gemir incluso a nuestros nietos, si es que aun estarán aquí.

¡Estimados Damas y Caballeros!

Tal vez valga la pena hablar en este punto también sobre el hecho de por qué no estamos en la misma barca nosotros y Bruselas, o bien, la casta de los intelectuales de Europa Occidental, consistente en el mundillo de los expertos, responsables políticos y líderes de opinión. Ya que sin duda estamos en barcas distintas. Consideramos distintas cosas como tradiciones valiosas de Europa, pensamos diferente respecto al futuro de las naciones y de los Estados-nación, pensamos diferente respecto a la globalización, y ahora ya pensamos diferente respecto a las familias, incluso, hemos llegado a tal punto, que ahora ya pensamos diferente también respecto a la estructura binaria de la sociedad, basada en la mujer y en el hombre. Ahora bien, si es así, y de hecho así es, es inevitable que imaginemos y deseemos un futuro distinto para nosotros mismos y también para nuestros hijos. Y quisiera dejarlo claro, nosotros en este punto no desistiremos. El 3 de abril defenderemos a nuestros hijos mediante un referéndum. El padre es varón, la madre es mujer, y ¡que dejen en paz a nuestros hijos!

No es que esté buscando su compasión, pero la verdad es que llevo treinta años trabajando con ellos y me da la impresión, es mi observación personal, que en el fondo de las diferencias yace el hecho de que nosotros hemos vivido de manera totalmente diferente el fin de la Guerra Fría que ellos, que son los países occidentales que no habían sido ocupados por los soviéticos, incluyendo también a los Estados Unidos. Ahí está la madre del cordero. Se trata de que ellos no han vivido en una dictadura, como lo dice Márai, ellos han heredado la libertad. En cambio, nosotros hemos vivido en dictadura, y la libertad no nos ha tocado como una herencia, sino hemos luchado por ella. No menospreciamos la contribución del Occidente, pero para nosotros está más claro que el agua, que la Guerra Fría fue ganada por los polacos, checos, húngaros, alemanes, búlgaros, rumanos, estonios, letones, es decir, por nosotros. Como saben, el anticomunismo y la idea de la nación ganó la Guerra Fría restaurando los Estados-nación. Según nuestra opinión, la nación triunfó sobre las clases, la fe en Dios sobre el ateísmo, y la propiedad privada sobre la propiedad pública socialista. Ellos piensan algo completamente distinto. Ellos consideran que su democracia liberal prevaleció sobre el comunismo. Lo que tienen y tenían en la cabeza no eran los Estados-nación, sino el mundo global está y estaba en el centro, dirigido por entidades, instituciones y redes globales, interconectadas por unas redes comerciales y de tecno-comunicación a nivel mundial. Por eso consideran honestamente a George Soros un héroe, y claro está, tampoco les viene mal ganar unos pavos. De ahí que no logramos llegar a un acuerdo tampoco respecto al tema del Estado de Derecho y de la democracia. Todos sabemos que vivimos en un régimen constitucional de Estado de Derecho, establecido y protegido claramente por la Ley Fundamental. Para ellos el Estado de Derecho es una herramienta que sirve para cambiarnos a semejanza de ellos. Por consiguiente, a ellos no les importan los hechos y tampoco nuestros argumentos. Ahora ellos están luchando una guerra santa, la yihad del Estado de Derecho. Ahora bien, amigos, de poco sirven las palabras contra la yihad. Ahora hay que mostrar fuerza, ¡venga pues la reconquista! Lo mismo pasa con la democracia. Ellos ven la reducción y el retroceso de la democracia, nosotros en cambio vemos nuestro día a día. Con las elecciones, el referéndum, con una prensa izquierdista virulenta y con agudos debates políticos. Ellos son como la mujer del chiste freudiano que está huyendo de la espantosa sombra que la persigue. Cuando la sombra la alcanza, la mujer le pregunta con voz moribunda: “¿Qué quiere de mí?” La sombra responde: “¿Qué quiero yo? ¡Si es Usted que me está soñando!” Pues así son nuestras cosas, y la verdad es que no queremos volvernos como son ellos, y apenas podemos creer que ellos quieran asemejarse a nosotros. No tiene ningún sentido negar las diferencias. Este debate es inevitable dentro del mundo occidental. Desde luego es importante el debate, pero no es lo más importante. Lo más importante es si queremos seguir unidos o no. En especial aquí, en Europa, ya que la Unión Europea tiene futuro solo si podemos seguir unidos a pesar de la enajenación cultural cada vez mayor. Por nuestra parte, nosotros queremos mantener unida la Unión Europea. Por eso varias veces hemos propuesto una oferta de tolerancia tanto a Bruselas, como a Berlín. No esperamos que incorporen e introduzcan a nivel europeo la política migratoria de Hungría, la política de familias o bien, la política exterior y nacional de Hungría, pero tampoco ellos pueden demandarnos que tomemos su política. No hay otra solución, solo la tolerancia. Solo así podremos encontrar un camino común, y con todo, la Unión debe avanzar hacia delante y no hacia atrás.

¡Estimados Damas y Caballeros!

Así son nuestras cosas en invierno de 2022, cincuenta días antes de las elecciones. Podemos ver que hay mucho en juego, esto es de vital importancia para los húngaros. A pesar de que nos gustaría tanto tener por fin unas elecciones que no fueran de vital importancia, sino simplemente traten sobre la elección de un buen gobierno. Da pena que esto no sea posible ahora. Estas elecciones todavía tratan de la intención de retorno de Gyurcsány y Bajnai. Por cierto, ayer Gyurcsány anunció que están preparados para retornar. Y si retornan, nos llevarán de regreso al lugar donde ya hemos estado una vez, y ningún pedazo de nuestro cuerpo desea volver allí. Recordemos la desesperanza que ha provocado para la gente de la Capital la gestión realizada por la izquierda en Budapest. Después de haber pasado nueve años en oposición, han recibido la oportunidad de demostrar lo que saben. Encima de esto, el Gobierno está desarrollando la Capital más allá de las posibilidades del país. Aun así, hay caos, suciedad, indigentes, atascos, corrupción, dirigentes incompetentes, arrogancia y pereza. La gente de Gyurcsány fue colocada junto a las cajas de dinero, y Bajnai en silencio y con discreción hace funcionar un régimen de comisiones redistribuidas. Y para esto han sido suficientes dos años torpes de gobierno de la izquierda. Todos pueden ver, ellos avanzan hacia atrás y no hacia delante. Al mismo tiempo es verdad, que bajo sol y en buenos vientos, incluso el capitán borracho logra manejar el barco. Y si no corre el viento, basta si uno es alto, delgado y le gusta dormir hasta muy entrado el día. No obstante, en medio de vientos fuertes y tempestuosos, cuando hay aviso de tormenta, créanme, es útil tener marineros probados. Y puede ser que tengamos la piel áspera, la cara arrugada por los vientos, que nuestro apretón de manos sea rasposo, y nuestros modales no sigan siempre la etiqueta de la corte, nuestros movimientos tampoco se parezcan a los de una bailarina de ballet, pero la navegación es nuestra pasión, y queremos el barco, por el que somos responsables, más que cualquier cosa. Conocemos las olas, y respetamos al mar. Ya hemos visto enormes tormentas, hemos manejado entre poderosas rachas de viento, y lo más importante es que sabemos hacia dónde queremos ir. Está anotado aquí en mi papel: hacia delante y no hacia atrás.

¡Amigos!

La izquierda ahora nos está mintiendo que los que se unen con ellos, dejan atrás su vida anterior como lo hicieron los discípulos de Cristo con la red de pesca. Y esto es ya el enésimo candidato redentor presentado por la izquierda. Yo recuerdo, Ferenc Gyurcsány empezó de igual manera. A mí en cambio me recuerda más bien a un pícaro sanador a distancia en la televisión, que promete curación, pero en realidad solo te ofrece en formato ”tres en uno” su DVD por precio especial. Y cuando te hayas creído todos los disparates y hayas comprado todos los folletos, se esfuma con tu dinero hacia las Bahamas, y tú te quedas allí sin curación, con bolsillos vacíos, y con un montón de DVDs cursis.

¡Amigos!

Desde 2010 ya es la cuarta vez que nos quieren vender el cuento de una izquierda cambiada, renovada, reorganizada y reestructurada. Estoy seguro de que el estómago de los húngaros no lo admitirá ni por cuarta vez. Confieso que tengo la esperanza de que no importa lo tenaces que sean los comunistas que se dedican a la lucha de clases, no importa lo desarrollado que tengan su tecnología de clonación, si ahora les vencemos, no podrán fabricar tantos Mini-Gyurcsány que les podría servir para volver a entrar en liza. Le conocemos al adversario. Los paracaidistas del tío George poco a poco les llamaremos ya por su nombre. No es la primera vez que despliegan mercenarios que vienen de Bruselas contra nosotros y sabemos cómo dispersarlos. Ahora en cambio nuestra tarea no está en preocuparnos por ellos, sino por nuestro propio campo político. Amigos, nunca hemos sido tan fuertes, tan bien organizados y tan determinados que ahora. Arremanguemos nuestras camisas, y encarguémonos de esto. Ensillad los caballos, ha empezado la campaña, es tiempo de que salgamos a caballo.

Cuenten con nuestra llegada en cincuenta días desde la derecha. Dios por encima de todos, Hungría antes que nada. ¡Adelante Hungría, adelante húngaros!